Antes de acompañar desayunos y conversaciones, el café recorrió un largo camino. Su origen está rodeado de relatos: uno de los más conocidos habla de Kaldi, un pastor etíope que observó la energía de sus cabras después de comer ciertos frutos. Es una leyenda, no un descubrimiento documentado.
La National Coffee Association señala que no se conoce con certeza quién identificó primero el cafeto ni quién creó la bebida. Su cultivo ya estaba presente en Yemen en el siglo XV, y en el XVI se extendió por Oriente Medio.
Las casas de café ofrecían mucho más que una taza. Allí se conversaba, se escuchaba música, se jugaba al ajedrez y se compartían noticias. En el siglo XVII, espacios semejantes crecieron en ciudades europeas.
El cultivo continuó expandiéndose hacia Asia y América. Detrás del gesto cotidiano de pedir un café queda una historia de viajes y encuentros: una bebida que cambió de escenario sin perder su capacidad de reunir a las personas.
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